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miércoles, 16 agosto 2017
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Dicen que el cuerpo no “aguanta” el ritmo de vida actual

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Expertos del Conicet aseguran que, por dormir mal el organismo no puede adaptarse.

DORMIR MENOS DE LO NECESARIO ES UNO DE LOS FACTORES QUE ATENTAN CONTRA EL ORGANISMO

En la Argentina, 1 de cada 4 personas tiene trastornos de sueño: no pueden conciliarlo y, cuando logran hacerlo, duermen poco: 6 horas en promedio, dos menos de lo que dormían hace 50 años. Los expertos afirman que es porque cada vez se hacen más cosas y porque las pantallas (TV, computadora, celular, tabletas) ocupan tiempo que debería ser de descanso. El diagnóstico de los expertos ante esto es lapidario: el cuerpo no está preparado para vivir en una sociedad de 24 horas casi sin parar.

“Dormimos, en promedio, dos horas menos que hace 50 años“, dice Daniel Vigo, médico e investigador asistente del Conicet en el Departamento de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA.

De acuerdo a lo que explica el investigador, dormimos un tercio de nuestras vidas. La función esencial de este descanso es tanto física como mental, ya que durante esas horas se efectúan distintas tareas de reparación del organismo y consolidamos habilidades psicomotrices aprendidas durante el día.

El sueño está compuesto de dos etapas que se van alternando durante la noche: REM, o de movimientos oculares rápidos, con actividad cerebral similar al estado de vigilia y en el que los sueños son de mayor intensidad; y no-REM, donde ocurre el llamado sueño profundo y las representaciones oníricas son de tipo episódico y están vinculadas con los hechos del día previo.

El sueño profundo, se explica, es la contraparte de la etapa de alto consumo energético de la vigilia y por ello es de extrema importancia para un sueño reparador.

“Biológicamente nuestro cuerpo no está preparado para la sociedad 24 horas en la que vivimos desde el siglo pasado”, señala Vigo.

La luz solar es uno de los principales factores que rige la alternancia entre sueño y vigilia: cuando la vida diurna se extiende a horas de la noche, el reloj biológico comienza a sufrir alteraciones, un fenómeno conocido como cronodisrupción o “jet lag social”.

Daniel Cardinali, médico e investigador superior del Conicet, expuso hace poco las consecuencias de la cronodisrupción en nuestra vida cotidiana: falta de atención, depresión, disminución de la memoria y la creatividad e incremento de los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

Según los investigadores, los dos trastornos del sueño de mayor incidencia son el insomnio y el síndrome de apneas obstructivas del sueño. En muchos casos pueden asociarse con síntomas de depresión o hipertensión, pero también con otras enfermedades como la diabetes o la enfermedad de Alzheimer.